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Roberto Quevedo, <robertoquevedo65@hotmail.com> / 3 Junio, 10:47am  
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Bien por la crítica que has hecho del libro de Juan Pablo de Ávila. La aplaudo. Estoy seguro que los ánimos destructivos te llevarán por el buen camino de la discordia y la enemistad. Aunque honestamente, por momentos se me cae de las manos. Divertidos momentos algunos, otros regulares, los más muy, pero muy planos, aburridos. Sin embargo en el camino andas.

Por una parte, si se desea hacer una crítica literaria en forma ¿por qué hacerla de libros cuya edición es casi histórica? ¿Qué pasa con las ediciones, los autores, los recursos recientes? ¿No son dignos de tu atención? La crítica literaria es un género periodístico y no (como dice Anónimo) ensayo, es texto efímero que debe causar impacto en el momento sobre libros de actualidad ¿Nos gusta la crítica literaria –en serio, vamos- o nos gustan los blogs? Porque la crítica que leo ni es formal y estructurada ni es informal y espontánea. Y recuerda bien cómo te repitió una y otra y otra vez tu querido maestro Ávila Storer: “O todo tiene sentido o nada lo tiene”.

Lo que me parece gracioso son tus preocupaciones por los recursos económicos usados en un libro que se publicó ¡hace casi una década! Pero qué chistoso. Si se va a hacer una crítica institucional, política, pues vamos a lo grande ¿Por qué no hablar de los recursos públicos usados en estadios y equipos de futbol?, ¿del uso de recursos del Estado en obras religiosas? No sé, del posible nexo del narco con algunos políticos, por ejemplo, o la censura contra los periodistas en Aguascalientes. Al menos de las formas de inversión actual del erario público en cultura ¿O qué? ¿Tu preocupación política fundamental es un libro publicado hace diez años, cuyo autor además dicho sea de paso merece todo tu reconocimiento por bla bla bla? No seas tímido.

¿Cuántos escritores en bruto se habrán perdido en el camino por continuar publicando a los de siempre? ¿Qué carajos es un escritor “en bruto”? ¿Cómo demonios se “perdieron en el camino” por el libro de Juan Pablo? Es una acusación absurda, estulta ¿Quiénes eran “los de siempre”? ¿Quiénes eran los inusuales, los nuevos? ¿No eran entonces Ía Navarro, Karla Ortiz, María Fernanda Manzo…? ¿No publicaron entonces? ¿No existía la revista Garabatos donde escribían aquellos que no llegaban a los 18 años? ¿Conoces las antologías donde se publicó, por ejemplo, a Etna Valdivia, Iván Aguilar, Asunción Rangel, Érika Martínez? ¿Qué edad tenías tú hace diez años, Jorge? De cualquier manera, ¿de dónde sacas que había que publicar sólo a los más jóvenes o desconocidos?

¿Por qué se publicó el libro? ¿Cuáles fueron en aquellos lejanos entonces los endebles o macizos criterios? Pues pregunta a los miembros del entonces consejo editorial que los tienes muy cerca, era público, sí se reunía, sí discutía, no censuraba como hoy se hace y tomaba decisiones sin presión de nadie. Y los criterios no eran “rotundamente vagos”. Se entregaban dictámenes muy claros con razones específicas de su publicación o negación. El que ahora no se hagan esos dictámenes no significa que nunca se hayan hecho.

Cambiando de tono, agradezco tu crítica. Me siento feliz que hayas retomado el libro. Ni me acordaba de sus detalles. Me trajo un dejo de nostalgia vieja. Es una crítica muy mal hecha ‒con las patas‒ pero muy, muy, muy bonita. Ah. Yo no la publicaba sin editarla antes, eh.

Salud y talento.

Roberto Quevedo

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