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¿...te vas a sacar de onda lectorsín?
j.l.e.
He decidido nombrar esta sección por una cita de J.L. Engel que me parece muy simpática: “¿es cierto que te vas a sacar de onda lectorsín?”. El siguiente texto (tomando en cuenta mis otras dos aportaciones) sería entonces el “¿...te vas a sacar de onda lectorsín?” número 3.
I
Mucho se ha escrito sobre la crítica y la crítica literaria. Las plumas que han dejado sus testimonios son tan prodigiosas como en cualquier otro género: Wilson Knight, Roland Barthes, Jorge Cuesta, por mencionar algunos. A veces siento que el trabajo del crítico es como el del árbitro de fútbol: no es una posición que 23 personas se peleen; sin embargo, no hay que olvidar que ha habido jugadores y jueces al mismo tiempo: T.S. Eliot, Octavio Paz, Charles Baudelaire. Es decir, ni el crítico es un no-escritor (entendiendo, como tal, a la persona que se desempeña, digamos, en los terrenos más conocidos de la literatura: cuento, poesía, novela), ni el crítico es un no-artista. El crítico es un escritor (nada más obvio) y un artista. Quien dude un poco de lo anterior, tan sólo remítase a un ejemplo que tenemos entre nosotros: Christopher Domínguez Michael. ¿La crítica es necesaria? Yo contestaría fácilmente: sí, tanto como la poesía, el cuento, la novela. Ningún género es prescindible. El problema está cuando en algún lugar no existe -o es demasiado escasa, que es decir suficiente- alguna de estas posibilidades. Ejemplo tonto; pero para mi finalidad, útil: Llego a “x” lado y me encuentro con que tienen mil novelas, mil cuentos, quinientas críticas y diez libros de poesía. Mi pregunta inicial sería entonces, ¿por qué tan poca poesía? Aguascalientes, seamos honestos, es una tierra de grandiosos artistas visuales, donde, de vez en vez, sale uno que otro escritor. Aunque este último juicio, si se me permite, sólo lo puede comprobar algo: el tiempo (así le ha ocurrido a John Donne y a Luis de Góngora); así entonces, habrá que esperar un par de siglos sin que esto signifique que no se pueda intentar ahora. Del corpus que disponemos actualmente, sólo hay una figura: Desiderio Macías Silva. Se preguntarán, entonces, ¿no hay escritores en Aguascalientes? Sí y, como se dice coloquialmente, “para aventar” (muchos ostentan un premio mediocre en cuanto a prestigio -estoy consciente que ningún premio es tal, en términos económicos- “Salvador Gallardo Dávalos”. Por tanto, no es un premio como para destacar en el curriculum. Por favor, premio literario no equivale a escritor a tomar en cuenta; vamos, si hay premios Nobel en el olvido, ¿qué no le sucederá a este?) Mi pregunta es la siguiente: ¿por qué tan poca -acaso nula- crítica? Los comentarios amistosos en los prólogos, contraportadas, lógicamente, no entran aquí. Pues bien, esta última cuestión no la sé. Se propuso, no hace mucho, desarrollar, contribuir, aportar, construir una comunidad artística que se preguntara por esto mismo y, lo mejor, se llegara a resolver en la medida de lo posible. El entusiasmo fue de muchos. Lamentablemente sólo en eso se ha quedado: entusiasmo. ¿Textos?, What, Where? Nosotros cuatro estamos, en cierta forma, comprometidos a llenar ese espacio que falta en nuestra cultura hidrocálida: esto no quiere decir, ni por asomo, que vayamos a leer toda la bodega del Instituto Cultural de Aguascalientes (gracias a Dios, no); pero sí que podemos seleccionar algunos libros. Nosotros, acá, continuamos, a pesar de que nos tardamos un poco en ofrecer al público un nuevo texto de crítica literaria (que no de crítica cultural; esta página es la prueba). Mucho se ha escrito, sí, pero ¿desde Aguascalientes?, ¿importa? Yo pienso que sí. Finalmente, ustedes escritores que tanto se quejaron y tanto aplaudieron, que mucho se preocuparon y mucho se desentendieron, ¿dónde están?
II
Edilberto Aldán (D.F., 1970) -quien dirige actualmente al lado de Joel Grijalva el suplemento cultural Guardagujas- ha sido uno de los principales animadores de la propuesta. Escribió un par de brillantes notas e incluso, en alguna de ellas, se comprometió a enviar un texto a nuestra página “México Kafkiano”. Desafortunadamente la prueba se encuentra en Facebook (publicada en Abril de este año, un tanto vieja un tanto joven. Depende la visión: no ha pasado ni un año; pero, en cambio, si se toma en cuenta que todavía se mencionan suplementos hoy inexistentes como “bienmucho” y “ananke”, parece muy remota) y sólo si eres uno de los casi mil amigos de Aldán en esta red social, lo podrás leer. Afortunadamente he hecho una copia en pdf. Por cierto, el detalle por el cual pongo a su disposición el enlace, en comparación con el resto de lo que ahí aparece, resulta nimio: los cincuenta y tantos comentarios que ahí se encuentran no tienen desperdicio. Los hay de todo tipo, desde berrinchudos hasta inteligentes (más de los primeros). Lea el documento, es una pieza de museo.
Regreso. Dicho texto jamás llegó; Aldán contribuyó y al mismo tiempo no lo hizo. Donde ha contribuido, indirectamente, es en aportar textos literarios. Voy, entonces, al Aldán escritor de ficción. Creo que la mejor clasificación sobre su obra es una de las dos que ofrece Rodrigo Fresán al hablar de Roberto Bolaño: hay escritores que leen y hay lectores que escriben. Yo diría que Aldán es de los segundos. He tenido la oportunidad de charlar con él en varias ocasiones, y le he oído hablar de arte y puedo garantizar que no es ningún improvisado. Ganó en 2001 el premio Salvador Gallardo Dávalos por la obra intitulada Viejos fantasmas con nombre. Más tarde, en este 2009, ganaría el premio del Bicentenario convocado por el Estado de México, por otra colección de cuentos: Rápidas variaciones de naturaleza desconocida. Con tan sólo estos datos, veo que es un escritor de títulos largos y pocas obras. Sin que esto signifique que no escriba más que al inicio y al final de cada década, por el contrario, publica cada semana en La Jornada Aguascalientes una columna llamada “Perdón por intolerarlos”, donde leo a un autor preocupado por llamar la atención y, a veces, también llamar la atención. Hasta aquí descubro a un columnista y a un cuentista, pero investigando me he encontrado con que ha escrito poesía. En el sitio web Ficticia: “ha obtenido los primeros lugares en el IX Concurso internacional de poesía del Ateneo Español de México, y en el VII Concurso de cuento Juana Santa Cruz con el texto No me digas tu nombre.” (www.ficticia.com/autores/edilbertoaldansem.html, 2009) Interesante, ¿no es cierto?
III
Creo que su obra no ha tenido, aún, una recepción como para nutrirme de ahí y establecer una postura. Lo siguiente, al parecer (si me desmiente, da igual), es su primera reseña:
Si usted es muy exigente con el escritor y sólo acude cuando tiene garantía de lo que está a punto de comprar, esto es, que se va directamente a una editorial de prestigio o a un autor laureado, este libro no le dirá gran cosa y no es para usted. Me llama la atención que Aldán, siendo un buen lector, no haya pensado en qué clase de lector hubiera querido para su obra Viejos fantasmas con nombre. Cuando acudo a un escritor que me apasiona, casi siempre salgo de su literatura con un rostro diferente al que entré. Esta primera obra de Aldán me dejó con muchos cuestionamientos, pero no porque hubiera profundizado en mi psique, sino en mi lógica: “este detalle no funciona aquí”, “este cuento es mudo”, “de qué va esto”; no obstante, estos detallitos, se perdonan y se comprenden: es su primera colección. Imaginemos un electrocardiograma literario: el pulso del libro es inconstante, el paciente -la obra- no tiene un buen futuro. Lo digo por lo siguiente: Veo dos Viejos fantasmas con nombre: por un lado, los cuentos dedicados exclusivamente a lo que supondríamos es la base constitutiva del libro: el recuerdo, donde también encontramos los homenajes a sus evidentes placeres: el cigarro y la lectura; por el otro, unos cuentos que al parecer son bastardos de otra colección: cuentos-chistes.
Vamos a ver, la primera parte que tomo en cuenta tiene textos de muy buena factura. Concretamente, “Comida para gatos” está bien logrado, y tiene un inicio nostálgico y desolador de una situación típica: ir al supermercado. Este cuento sí que presenta una actividad cotidiana vista desde otro punto: la plasta y el tedio que representan el caminar y el seleccionar lo que se va a adquirir para ser compartido, una vez en casa, con nadie. Encuentro unas cuantas líneas destacadas en “Repaso”: “[...] con las hojas blanquísimas de una libreta nueva; esa donde no voy a escribir los recuerdos que me impiden ser infeliz.” O será que estoy, ahora mismo, muy positivo (cuestión que me preocupa). La clave de Aldán en esta parte se encuentra, precisamente, en el último cuento que da nombre a la colección: “Entonces es imposible dormir: quedas tendido sobre la cama esperando que el humo del cigarro sea algo más que humo de cigarro y los recuerdo, viejos fantasmas con nombre, se empeñan en regresar a ti.” Es decir, encuentro un indicio de lo que pudo haber sido la obra: una colección de cuentos que girara sobre la memoria, el recuerdo, el paso del tiempo. “Fuego cruzado”, comparte la cuestión del tiempo que unificaría a sus demás compañeros; pero tal parece que va por otro lado: un par de charlatanes de lenguaje popular esperan la muerte. No hay memoria o recuerdo. Decir que tiene en común el aspecto temporal es cuadrarlo sin ninguna razón, de éste sólo puedo decir: too much Rulfo will kill you. En “No me digas tu nombre” hay una idea sin un lenguaje adecuado: una pareja se relaciona sólo por placer, los personajes no saben sus nombres. Uno no toleraría saber el nombre del otro. Se dispara el nombre. Hay muerte; eso sería básicamente la historia; sin embargo, lo que no entiendo es la postura del personaje “asesino”: se queda a “conversar” con su víctima y sus palabras tratan (sólo eso) de ser shakespereanas. Aquí una muestra: “No, qué vas a entender, estúpido cuerpo inútil con nombre, con nombre pero inmóvil, con nombre pero de sangre anegada, ¿eh?, para qué, ¿te das cuenta ahora? Sí, ya sé, es tonto estarte pateando, pero cómo evitarlo si con tu actitud permitiste que este tiempo se adelantara, que después del amo tuviera que matarte, carajo.” Y esta inverosímil actitud se continúa durante cinco páginas más. Me encantaría leer al Aldán que escribe y lee y entonces escribe, no sólo al que lee y luego escribe, porque a veces pienso que con tanto homenaje a otros artistas, mejor me voy a esos otros escritores. No comentaré todos los cuentos, naturalmente, pero quería mostrar por qué considero esta sección como inconstante. Paso entonces a lo que denomino “cuento-chiste”. Esto no lo digo con el ánimo de disgustar ya que, en verdad, eso es lo que me parecen. A mi juicio veo que muchos chistes logran su efecto cuando el discurso del narrador desvía la dirección más lógica del receptor y, entonces, le presenta un desenlace irónico o sarcástico. Otra cosa, para mi gusto, es una vuelta de tuerca, que precisa de mucho control argumental. Puesto en claro, aprecio en “Al pie de la cama” y “Dormido” la misma situación: la intención de sólo provocar gracia, olvidándose del lenguaje: lo que queda en el lector es, a medias, la historia, como si no importara la manera en que está contada. Por ejemplo, en “Al pie de la cama”, Aldán escribe en el párrafo inicial: “El asesino regresará esta noche, sin que pueda evitarlo, justo antes de que yo entre a la cama. Se quedará ahí, observándola dormir, mirando las dunas fugaces de su respiración en las sábanas, la delta de sus piernas escapando al abrigo del sueño ligero y expuestas al calor de mayo con que se disfraza nocturno septiembre.” Y de asesino nada. Todo indica que es un esposo que llega tarde a la cama con su mujer. Cierra así: “Incapaz de cualquier palabra, con miedo, voy a empujar suavemente la puerta, iré a ella y con las disculpas en la palma de la mano voy a frotar su espalda. Hasta que ella despierte para preguntar, como siempre, por qué he tardado tanto.” Y lo peor, no me produjo diversión.
Ahora, ¿he aplicado un reduccionismo? Es probable, pero si la colección estuviera bien unificada, no habría problema; no obstante, i might be wrong y resulte que lo que une a todos los cuentos, sea el epígrafe-poético que aparece en cada uno de los textos; empero, aún así, no hay una cohesión adecuada de la fuerza que pudo haber tenido ese elemento paratextual. “Palomas en la ventana” tiene, como umbral: “Descubre el Tigre su condición de tigre al reconocer que de nada vale mirarse a menos que sea como reflejo, que entiende su condición a partir del descubrirse preso de una mirada, llamada por un adjetivo, vueltos sustantivos en los labios del otro./ Sigue el Tigre persiguiendo su sombra en busca de respuestas, con una tristeza digna de versos endecasílabos./ Amanece y el Tigre cambia el signo de interrogación por el sueño./ En el sueño, el Tigre se mira a sí mismo. Al despertar saborea los placeres del silencio.” Y al leer esto no puedo dejar de pensar en otro homenaje: William Blake, con su archiconocido poema “The Tiger”. Otra cosa, estos epígrafes a veces están puestos en cursivas y otras en redondas, ¿cuál es la función de esto? Va un ejemplo, en “Comida para gatos”: “Fui al Tigre para hallar las palabras con que se inicia el camino de regreso, con la imagen preconcebida de que todo tiempo es circular, que a cada hombre corresponde un periplo, que siempre hay un sendero que devuelve a la orilla de río desde donde se inicia el primer salto./ Hallé del regreso que el viaje es todos los fuegos, un solo incendio en que la ausencia de palabras se torna la única certeza”. Uno más -que me deja ver una posible hipótesis de sus poemas (recordar el premio)-, en “Viejos fantasmas con nombre”: “En el incendio fui encuentro, brillamos en la llama viva de su andar musical; en el incendio descubrí que para la búsqueda no hay camino, sólo estancia. Tus muslos en fuego eran una señal que hasta entonces lam, como caricia a una sombra.” Bonito, feo, no sé, lo que me preocupa es ¿cuál es el enlace con el texto al que precede? No tengo idea.
En síntesis, no puedo decir que sea un mal libro, principalmente porque -repito- es un primer acercamiento al ser publicado en forma solitaria. Tomo en cuenta, entonces, para decir que es un libro que fluctúa: no hay una comunicación entre todos los cuentos (mí manía en la unidad); hay textos que, si esto fueran versos, yo llamaría ripiosos; y los epígrafes-poéticos no acaban de cuajar más que -y esto sólo tal vez- consigo mismos. En otras palabras, este libro es un ejercicio literario. Es un entrenamiento. ¿Para ir o seguir a dónde? Ya lo veremos. A Gorostiza lo llevo a escribir Muerte sin fin, a Dostoievsky Crimen y Castigo. Esperemos lo mejor de Aldán ya que lo que en ese entonces fue un producto de iniciación literaria, hoy, no tengo muy en claro en qué se haya convertido. Espero, entonces, una buena crítica de naturaleza conocida de su más reciente libro. Y espero también que no tome esta opinión sobre su primer libro como un texto que pueda inscribirse, en sus propias palabras, en un “perdón por intolerarle”. Aldán, estoy seguro, dará de qué hablar en futuras colaboraciones y si no me equivo, entonces, echará un vistazo a su pasado y verá un libro curioso. Supongo todo escritor tiene textos reprobados, el de Aldán, ni modo, se llama Viejos fantasmas con nombre.
JT
Jorge Terrones | The Insolence of office | 18 Diciembre, 10:10am
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aldan, <> / 18 Diciembre, 12:12pm
Querido Jorge Gracias por tu lectura. No me saco de onda, por el contrario, de eso pide uno su limosna. Muy agradecido
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