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No es para mí ninguna novedad que en los ambientes académicos se ataque a la menor provocación, o aún sin ella, a la Iglesia Católica y a sus practicantes. Uno ya nada más se sume en su asiento esperando que pase la tormenta (antes discutía, pero paulatinamente me di cuenta de que no llegábamos a ningún lado). Sé que a veces las críticas tienen mucha razón; por ejemplo, no siento positivo para la nación, ni para la Iglesia, que ésta se extralimite en sus opiniones políticas. “Al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”.

Pero hay muchas veces en que las críticas son francamente estúpidas y cargadas de una intolerancia que, además, -en una ya cotidiana proyección- nos achacan a quienes atrevemos a pronunciarnos católicos y que -a gritos y sombrerazos, si usted quiere- hacemos esfuerzos por vivir conforme lo manda nuestra religión. Un ejemplo clásico: A opina que la mujer tiene derecho de deshacerse del bebe que está esperando, puesto que es dueña de su cuerpo. B responde que la mujer es dueña de su cuerpo, mas no del cuerpo que lleva dentro que, por lo demás, también puede ser una mujer. A no cede. B tampoco cede. A tacha de intolerante a B. ¿Por qué? ¿Por defender sus creencias? ¿Por defender una vida humana en vías de desarrollo? ¿No es más intolerante la actitud de A frente al “producto” que la mujer lleva en sus entrañas?

Sé que el ejemplo anterior es polémico, así que daré uno mucho más sencillo para que se entienda bien la intolerancia disfrazada de quienes se creen dueños de dicha palabra. ¿Nunca ha tachado a alguien de mocho, o le ha criticado por su castidad, pudor, recogimiento…? ¿No es acaso esa persona libre de querer preservar su físico, su mente o su alma de lo que, él considera, le es pernicioso para su salud mental, física y espiritual? El recriminarle su decisión es un ataque cimentado en la más brutal y absurda intolerancia. Ahora pregúntese ¿A cuál de eso mochos -la coherencia y congruencia son indispensables- le ha dado una infección venérea o a muerto por esta causa? Algo de razón deben tener tales “mochos”, y mucho bien le hacen a la Secretaría de Salud al practicar activamente su “mochismo.” 

En fin, el punto es que criticar que tal o cual personaje de la curia se haya entrometido, aprovechándose de su cargo,  en cuestiones de política, es razonable; pero las generalizaciones, las críticas absurdas y los ataques sistemáticos a quienes militan -religiosos o laicos- en la Iglesia Católica, o en cualquier otra, son cosas que ya no caben en una sociedad que -sólo en teoría- defiende el respeto y la tolerancia.

Siguiendo con el mismo talante, quería comentar algo que se me hace muy gracioso: todavía son muchas las dependencias de gobierno que suspenden labores el 12 de diciembre. Ateos, críticos acérrimos del catolicismo… pero Guadalupanos. Faltaba más. Otra: estos mismos acérrimos críticos del catolicismo, organizan sus posaditas anuales, donde algunos siguen el canon -hasta eso-, y otros simplemente se dedican a ingerir alcohol y alguna otra cosa. La última: ¿qué me dicen de las misas de graduación, las bodas, primeras comuniones, bautizos, etc., en San Antonio, Los Bosques, Catedral o en cualquier otro templo de prestigio, nada más para aparecer en la página de sociales y poder  sacar los mejores trapos a la calle? Yo apuesto, sin temor a perder, que muchas de estas personas que critican todo lo que huela a catolicismo, han participado o incluso han organizado, más de una de estas ceremonias. Como dijo el niño del anuncio: “¡Qué poca…!

adan | Señales de humo | 22 Diciembre, 11:45am
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